El año de los 9

Quienes pensaban que con el fin de las Olimpiadas y la difícil coyuntura económica mundial dejaríamos de escuchar del tan de moda Reino del Medio; no me queda más que ponerlos en aviso, el 2009 será para China un año de 5 importantes aniversarios, que en uno u otro caso tendrán diferentes connotaciones. Mientras que para la mayoría de los chinos el número 8 suena muy parecido a la palabra “fortuna”, el 9 ha probado ser mucho más significativo en la historia de la China moderna, al menos durante la segunda mitad del siglo XX. Desde 1949, cuando Mao Zedong proclamó desde la puerta principal de la Ciudad Prohibida la fundación de la República Popular China, muchos de los eventos históricos del país han ocurrido en un año terminado en 9. De acuerdo a la costumbre china, los decenios son siempre una fecha importante. El sabio Confucio enseñaba que a los 30 se encuentra el camino, a los 40 ya no se tienen dudas, a los 50 se empieza a desear el cielo, a los 60 ya no es necesario escuchar a los demás, y a los 70 se siguen todos los sueños sin necesidad de romper ninguna regla. Los dirigentes del Partido Comunista de China organizarán celebraciones para conmemorar algunas de estas fechas que cumplen otro decenio, como el 30 aniversario del ofrecimiento de paz y reunificación a Taiwán, los 30 años del establecimiento de relaciones diplomáticas con EE.UU., o el 60 aniversario de la fundación de la nueva China. Sin embargo, otros aniversarios serán mucho más sensibles, como los 50 años del levantamiento fallido en la región del Tibet y el 20 aniversario de las protestas en la plaza de Tian´anmen. Por ello, los dirigentes harán grandes esfuerzos para prevenir cualquier tipo actividades que pretendan recordar esos eventos. Tras el monumental éxito e impecable organización de los Juegos Olímpicos de Verano, la agenda de los dirigentes chinos para el 2009 estará copada por estas conmemoraciones.
La vuelta a China en 9 días

Lo que venía esperando hace mucho, al fin se concretó. Mi madre vino a visitarme y, a diferencia de años atrás, esta vez le he sacado el jugo. Recién ahora me di cuenta del lujo que es tener a la madre para uno solo. En esta ocasión planeé todo meticulosamente. Dos días después de aterrizar en Beijing partimos rumbo a Shanghai. Ahí serían dos días intensos. La joya de China, tiene más que ofrecer al hombre de negocios que al turista ansioso por la novedad. Recorrer el Bund, con sus edificios de los años 20; morir haciendo fila para subir a la torre de la televisión; ir a la ciudad antigua a comprar recuerdos inservibles; almorzar cerca del lugar donde se formó el Partido Comunista de China, y finalizar con un trago al anochecer en la terraza del bar Rouge. De ahí el vuelo saldría a Guilin, desde donde nos embarcaríamos por el río Lijiang a la ciudad de Yangshou, la cual está rodeada por impresionantes picos de piedra caliza y donde los panoramas son infinitos. Navegar en balsas de bambú, recorrer pueblitos y arrozales en bicicleta, pasear por la parte vieja de la ciudad, visitar interminables cavernas. Tras tres días de aventura, nuestros pasajes nos llevan a Hong Kong, uno de mis destinos favoritos. Ahí juego en terreno conocido, así que mi madre tuvo a uno de los mejores guías. Necesito muchas líneas para contarles nuestras aventuras en la antigua colonia, pero baste decir que ella viajaba con un pequeño bolso y regresó a Beijing cargando media ciudad. El día antes de regresar, fuimos a pasar la tarde a Macao. Almorzamos frente a la colonial Plaza del Senado un rico bacalao a la crema, con ostiones a la parmesana acompañados de un exquisito vino rosado. En la antigua colonia portuguesa, visitamos la fachada de la antigua iglesia jesuita de Sao Paulo, para poder tener una panorámica de esta bella ciudad. Cuando comienza a oscurecer, nos regresamos en el ferry a Hong Kong y, como es la última noche, nos vamos por un par de copas al bar del Hotel Península, completamente decorado por el francés Stark. De vuelta a Beijing nos espera una buena cena en el restaurante imperial Baijiayuan.
Encontrando la solución

Como ha sido una constante en los últimos 16 años, las Naciones Unidas decidió no poner entre los temas a discutir en la agenda de la última Asamblea General, la eventual incorporación de Taiwán al organismo. Sin embargo, esta vez se produjo una importante diferencia. Por primera vez desde 1993, la propuesta de Taipei no fue para conseguir la membresía plena, sino que, una mucho más modesta y menos provocativa, participación en programas patrocinados por agencias de la organización internacional. En esta ocasión la iniciativa recibió el apoyo de EE.UU., la Unión Europea y otras naciones, que aplaudieron la propuesta. Sin embargo, y como en otras oportunidades, el embajador chino en la ONU mando una nota al secretario general, el surcoreano Ban Ki-Moon, manifestándole que el intento de Taiwán sería rechazado, alegando que éste vulnera la integridad territorial de su país e implica una intromisión en sus asuntos internos. Sin embargo dejó un pequeño espacio a la pequeña isla, al no cerrar la puerta a la actuación internacional de Taipei, siempre y cuando lo haga previo acuerdo entre ambos lados del estrecho. Esta sutil invitación, de ser aprovechada por Taiwán, permitiría hacer posible encontrar una solución al conflicto entre ambas partes, ya que sólo a través del diálogo, la antigua Formosa encontrará el camino para poder desenvolverse en el plano internacional. Taiwán sigue creyendo que para negociar debe seguir recibiendo la ayuda militar estadounidense, y prueba de eso es el anuncio de compras por US$6 mil 500 millones en armas, incluyendo tecnología y misiles de punta. Al otro lado, China continúa bloqueando cualquier intento de la isla de actuación internacional, persiguiendo su aislamiento, sin darse cuanta que para avanzar debe ganarse el corazón de los taiwaneses. Si Beijing quiere ganar más adeptos para su política de “Una China dos sistemas” deberá sentarse a conversar y, Taiwán si quiere salir al mundo debe mantener una actitud menos errática.
La porfía de David

El pasado mes y, como ha sido una constante en los últimos 16 años, las Naciones Unidas decidió no poner entre los temas a discutir en la agenda de la Asamblea General, la eventual incorporación de Taiwán al organismo. Sin embargo, esta vez se produjo una importante diferencia. Por primera vez desde 1993, la propuesta de Taipei no fue para conseguir la membresía plena, sino que, una mucho más modesta y menos provocativa, participación en programas patrocinados por agencias de la organización internacional. En esta ocasión la iniciativa recibió el apoyo de los EE.UU., la Unión Europea y otras naciones, que aplaudieron la propuesta. Sin embargo, y como en otras oportunidades, el embajador chino en la ONU mando una nota al secretario general, el surcoreano Ban Ki-moon, manifestándole que el intento de Taiwán sería rechazado, alegando que éste vulnera la integridad territorial de su país e implica una intromisión en sus asuntos internos. Sin embargo dejó un pequeño espacio a la pequeña isla, al no cerrar la puerta a la actuación internacional de Taipei, siempre y cuando lo haga previo acuerdo entre ambos lados del estrecho. Esta sutil invitación, de ser aprovechada por Taiwán, permitiría hacer posible encontrar una solución al conflicto entre ambas partes, ya que solo a través del dialogo, la antigua Formosa encontrará el camino para poder desenvolverse en el plano internacional. Taiwán sigue creyendo que para negociar debe seguir recibiendo la ayuda militar estadounidense, y prueba de eso es el anuncio de compras por 6 mil 500 millones de dólares en armas, incluyendo tecnología y misiles de punta. Al el otro lado, China continúa bloqueando cualquier intento de la isla actuación internacional, persiguiendo su aislamiento, sin darse cuanta que para avanzar debe ganarse el corazón de los taiwaneses. Si Pekín quiere ganar más adeptos para su política de “Una China dos sistemas” deberá sentarse a conversar y, Taiwán si quiere salir al mundo debe mantener una actitud menos errática.
Taiwan
El 1 de octubre de 1949 Mao Zedong frente a una multitud eufórica congregada en la plaza de Tia’anmen proclama la República Popular China, y el entonces presidente, Chiang Kaishek, escapa a la isla de Formosa, hoy conocida como Taiwán.
No fue sino hasta la década del ’70 que China Popular fue admitida en las Naciones Unidas. Un giro en las intricadas maniobras de la guerra fría, hizo que EE.UU. viera con buenos ojos acercarse a su anterior enemigo.
Desde ese entonces las relaciones entre las dos orillas han sido tensas. Para China, Taiwán es considerada una provincia rebelde, por lo que es posible verla en cualquier mapa o libro de estudios, como parte integral de la gran China.
Luego de la incorporación de Hong Kong y Macao a la soberanía China, a fines de la década del 90, China no ha claudicado en su intento de hacer volver a su redil a la díscola isla de Formosa.
El continente no ha cejado en insistir que su modelo, Una China Dos Sistemas, empleado exitosamente hasta ahora en las antiguas colonias británicas y portuguesas, es posible de implementar en la rebelde Taiwán. Y sus ofrecimientos no paran.
Una veintena de países mantienen hasta hoy relaciones diplomáticas con Taiwán, de los cuales 12 corresponden a latinoamericanos y caribeños. Paraguay, Panamá, Guatemala, son algunos de ellos. Hasta hace unas semanas lo era también Costa Rica, pero un nuevo frente chino ha comenzado a intentar aislar cada vez más a la isla en sus relaciones internacionales. Y se espera que el efecto siga.
El escenario que se abre es complejo. Taiwán es el principal inversionista en China. Por otro lado, Taiwán posee una de las fuerzas aéreas más potentes de la región, debido al constante apoyo de EE.UU. Así, es difícil pensar que China pretenda aislar totalmente a Taiwán del concierto mundial, ya que esto no haría más que forzar a EE.UU. a potenciar su presencia en la zona.
La generación de los 80

Varias veces habrán escuchado en Chile cuando se habla de la generación de los ochenta. Pero aquí, la Balinghou (después de los 80) implica cosas distintas. Esta generación es la de los hijos únicos, fruto de la “Política Nacional de Planificación Familiar” iniciada en 1979, cuando China llegó a los 1.000 millones de habitantes. Un experimento social masivo del que ya se comienzan a sentir las consecuencias. Si bien esta política tiene excepciones (en las zonas rurales la ley permite tener un segundo hijo, especialmente si el primero ha sido niña; también si ambos padres son hijos únicos; si el primer hijo es minusválido, y las minorías étnicas no tienen restricciones), toparse con veinteañeros que tengan hermanos es una rareza. Predecir el futuro de la China socialista, donde se supone que la satisfacción personal se consigue sirviendo a la comunidad y no al individuo, y su población hoy está formada casi exclusivamente por pequeños emperadores, es una apuesta difícil. La estructura familiar ya es 4-2-1: cuatro abuelos, dos padres y un niño, quienes ponen todas sus expectativas en un hijo. Muchos los tildan de mimados, pero estos niños soportan una dura carga, las expectativas de toda su familia, y en un país donde el culto a los ancestros y la importancia de la descendencia aún sobrevive, hace que no sea una presión menor. Los primeros años viven un verdadero cuento de hadas, pero en cuanto llegan a la edad escolar no hacen otra cosa más que estudiar. Si a esta presión le sumamos que en un futuro próximo tendrán que hacerse cargo de seis ancianos en un país donde los sistemas de pensiones no existen, con una pirámide poblacional 4-2-1, acabará por no haber suficientes jóvenes para trabajar y cuidar a las generaciones mayores. Ya en 1999 se estimaba que había nueve trabajadores para cuidar a un chino pensionista, se espera que para el 2050, cuando la población llegue a los 1.500 millones, serán tres por cada uno.
Qué hacer?

Finalizaron los JJ.OO. y los Paralímpicos en Beijing y la vida en el gigante asiático continúa. Los desafíos que debe enfrentar siguen incólumes y el tranco que se ha impuesto no deja respiro. En momentos que la economía mundial se encuentra agitada por la crisis crediticia, China se topa con una gran disyuntiva. La dupla Hu Jintao y Wen Jiabao vivirá por primera vez una dura prueba en el camino hacia la ansiada Armonía. El sello que distingue el actual gobierno al de su antecesor, Jiang Zemin, es el fin del pragmatismo económico, dotando la veloz reposición de este país en la primera división de la economía mundial de un tono más social. Lograr la estabilidad social es el norte, ya que es visto como el único medio para alcanzar la ansiada meta. Los graves problemas que aquejan los mercados internacionales golpean a los más pobres y, en el caso chino, son los campesinos; 700 millones de personas. Masas interminables de personas emprende a diario un largo peregrinar desde la China profunda rumbo a las grandes ciudades en busca de un futuro mejor. Son el verdadero motor del despertar de esta nación, sin embargo, son quienes menos se han beneficiado de la bonanza. La escala del desplazamiento de la población rural a alguna de las 655 ciudades es algo sin parangón a nivel mundial. Esa población flotante alcanza hoy los 150 millones. Es este sector de la población el que puede comenzar a percibir que no destilan maná los muros de Zhongnanhai, la suntuosa sede del gobierno central. La concentración de la renta y desequilibrio en desarrollo interregional podrían llegar a afectar seriamente la ansiada estabilidad. Algunos ven las actuales estructuras de empleo, salarios, salud, prevención social, educación y corrupción como factores multiplicadores de la desigualdad entre el campo y las ciudades. Sin embargo, los logros que ha conseguido el dragón asiático son irrefutables y los tropiezos son menores que el camino avanzado.
2046
2046 es el nombre de una película del famoso director hongkonés Wang Jiawei o Wong Karwai si se utiliza la antigua romanización. La película trata de un periodista independiente, que vive en una pensión de Hong Kong, donde inicia una relación destinada al fracaso con su vecina, una preciosa chica que alquila su cuerpo a hombres adinerados. La habitación de la chica, es la numero 2046. Enigmática cifra, en una pensión cualquiera, que perfectamente podría estar cerca de nuestra Estación Central o algún barrio perdido del centro. Pero en las películas de Jiawei nada es al azar. ¿Qué relación tiene con el tema que justifica estas líneas? Quizás nada, salvo por ese número. El pasado primero de julio de se celebró en China once años desde que Hong Kong volvió a la soberanía de China. Dentro de los acuerdos a que llegó China con el Reino Unido, se estableció que la incorporación de esta pequeña isla al continente, se haría de manera gradual y a largo plazo. Mientras tanto, conservaría el sistema político, judicial y de derechos heredado de los británicos. Pero se fijó un plazo de 50 años para completar el proceso de incorporación definitiva a la República Popular, el que se completaría el año 2046. Al fijar este plazo, China se fijo una meta. Estima que en 38 podrá alcanzar el espectacular desarrollo que ostenta hoy la ex colonia. De ser así, sería todo un récord. ¿Que pasará con toda las garantías de que goza esta prospera ciudad? Si nos guiamos por los discursos del presidente Hu Jintao y de su antecesor, Jiang Zemin, el desarrollo de la nueva China también prevé una apertura política. La sociedad armoniosa se alcanzará cuando el desarrollo del país haya llegado a toda la población, cuando la estabilidad social este garantizada. Pero para que eso se cumpla habrá que esperar.
Nuevos planes
China prepara un enorme plan para renovar y ampliar la infraestructura en ciudades medianas y pequeñas, que en términos chinos son de 5 a 1 millón de habitantes. La inversión que se planea hacer en ellas será de envergadura planetaria y su repercusión en la economía mundial, simplemente gigantesca. No se extrañen cuando hasta el repartidor de este periódico este aprendiendo chino. Hace unas semanas acompañe a mi polola a la ciudad de Jinan, capital de la provincia de Shandong. Fuimos a ver unas primas que viven en Canadá que estaban de visita en su ciudad natal. Jinan es inclasificable, la misma masa de concreto amorfa y sin personalidad de la mayoría de las grandes ciudades chinas. Hasta ahí nada que destacar, salvo por el frenético trabajo de miles de obreros que están levantando todo de nuevo. Miles de grúas es el paisaje que domina esa ciudad ultra contaminada. Todas las calles, veredas y parques se están haciendo de nuevo. Desplazarse era muy incómodo, dado que todas las calles estaban en pleno proceso de reparación y el aire definitivamente había sido reemplazado por una nube gris de proporciones bíblicas. 22 provincias, 4 regiones autónomas, 4 municipios y dos regiones administrativas especiales, son los cálculos que deben hacerse para dimensionar el ejemplo que les cuento. Jinan es una de muchas, en un país inmenso. Estimo que el ritmo en las provincias se acelerará una vez que la atención del país se quede sin los JJ.OO. Una vez que éstos terminen, muchos lugares que se han visto algo olvidados o relegados, reclamarán el envió de recursos. ¿Con que fin? Emular la renovada capital de “la nueva China” y entrar así, a la sociedad de la “armonía”.
Año nuevo

Para todos los que se preguntan por qué en febrero sus proveedores o clientes chinos, responde al teléfono o contesta los correos electrónicos, la respuesta es muy sencilla, el año nuevo chino. Esta fecha es la celebración más importante para casi 2.000 millones de personas en todo el mundo, y en su país de origen todo se detiene durante casi 15 días. Atrincherado, intentando cubrirme de los miles de fuegos artificiales que estallan sin cesar día y noche en cada rincón de Beijing, y en cada rincón del Este asiático, intento concentrarme para escribir estas líneas. Aunque parezca exagerado, habría que imaginar que en cada edificio de Santiago se lanzaran fuegos artificiales como los del año nuevo en Valparaíso, y sólo así podrían imaginar lo que sucede aquí durante casi 15 días en estas fechas. Para los chinos, la fiesta de la primavera o año nuevo lunar, que se inició el pasado jueves, es una oportunidad de dar ofrendas a las divinidades y los antepasados, y pedir buena suerte para el año que comienza. Millones de personas asisten a los pocos templos que sobrevivieron a la revolución cultural, para disfrutar de los festivales que se celebran en su interior, y así poder observar antiguas tradiciones que el crecimiento económico desatado va dejando de lado. Pero por sobre todo es una fecha de reunión familiar. Millones de personas se trasladan desde sus lugares de trabajo a sus pueblos de origen para reunirse en la casi única oportunidad en el año en que toda la familia puede estar junta. Este año ha sido particularmente difícil para gran parte del sur del país debido a las inusuales nevazones que han hecho colapsar los principales medios de transporte, y para que decir el fuerte sismo que azotó a la provincia de Sichuan. Desde que se inició el proceso de apertura, esta fecha ha ido cobrando cada vez más fuerza entre la población, para quienes, luego de desaparecer la mayoría de los objetivos que habían regido sus vidas desde el triunfo de la revolución en 1949, han visto un renacer de antiguas creencias que parecían estar olvidadas.
